San Lucas 12, 39-48
Jesús nos recuerda que la fe no se vive desde la distracción, sino desde la responsabilidad amorosa. No se trata de tener miedo al castigo, sino de ser fieles en lo pequeño, sabiendo que todo lo que recibimos —tiempo, dones, personas— es un encargo confiado. La vigilancia cristiana no es ansiedad, sino compromiso: estar atentos para servir con generosidad y coherencia.
¿Cómo estoy cuidando y haciendo fructificar lo que Dios confió en mis manos?
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