San Marcos 4, 1-20
El Padre siembra abundantemente la semilla de su Palabra. La semilla, sin embargo, se encuentra a menudo con la aridez de nuestro corazón, e incluso cuando es acogida corre el riesgo de permanecer estéril. Con el don de fortaleza, el Espíritu Santo libera el terreno de nuestro corazón, de la tibieza, de las incertidumbres y de los temores que pueden frenarlo, de modo que la Palabra del Señor se ponga en práctica, auténtica y gozosamente (Papa Francisco). ¿Descubro la Palabra que Dios ha sembrado en mi corazón? ¿Cómo es mi respuesta hoy?









