San Lucas 14, 1. 12-14
Jesús nos invita a poner nuestros ojos en tantos hermanos nuestros que necesitan de nuestra comprensión y de nuestra amistad, de ser reconocidos como personas y no como objetos sin valor. La mesa cristiana debe ser una mesa tendida para aquellos a los que nadie quiere invitar. Entonces, cada mesa será anticipo del Reino. ¿A quiénes invito a la mesa de mi vida? ¿Busco alguna “retribución” cuando vivo mi servicio?
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