San Marcos 10, 1-12
«Dios no ha creado al ser humano para vivir en la tristeza o para estar solo, sino para la felicidad, para compartir su camino con otra persona, para vivir la extraordinaria experiencia del amor: amar y ser amado; y ver su amor fecundo en los hijos. Este es el sueño de Dios para su criatura predilecta» (Papa Francisco). Ante el sueño de Dios, la dureza de nuestro corazón y de las realidades de hoy, es bueno preguntarnos: ¿vale la pena apostar a este amor para toda la vida? ¿Cómo podemos pastorear las familias que han fracasado en esto y buscan seguir caminando hacia Dios?








