Comentario Introductorio
En el Evangelio de hoy Jesús pregunta: “Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor?”. Esa pregunta debería molestarnos tanto hoy como seguramente lo hizo a quienes lo escucharon inicialmente. Si un cristiano no vive como discípulo, difícilmente su anuncio ilumine la realidad. ¿En qué aspectos de mi vida estoy volviéndome insípido?

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 13-16

Jesús dijo a sus discípulos:
«Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor,
¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para
ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una
ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una
lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone
sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay
en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen
a su Padre que está en el cielo».

Palabra del Señor.

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