Samaritanear

Palabra

San Juan 2, 1-11

Ser un buen cristiano significa ser dócil a la Palabra del Señor, escuchar lo que Él nos dice acerca de la justicia, la caridad, el perdón, la misericordia, la salvación … y así, libremente, responder, siguiendo una vida coherente entre la fe que profesamos y lo que hacemos. Es verdad que a veces la Palabra del Señor nos sacude y nos interpela, pero es allí donde el corazón humilde, en lugar de soltar todo, busca el Auxilio de lo Alto para perseverar. ¿Reconozco lo que me cuesta abrazar para seguir al Señor? ¿Confío en la intercesión de María?

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San Marcos 2, 13-17

Para eso ha venido Jesus, para buscarte a vos, para buscarme a mí, para buscar y salvar a todos. “Por favor, no conviertan a la Iglesia en una aduana. Acá se entra: los justos, los que están bien, los que están bien casados, todos. ¿Y ahí afuera todos los demás? No. La Iglesia no es eso. Justos y pecadores, buenos y malos, todos, todos, todos. Y después que el Señor nos ayude a arreglar ese asunto. Pero todos”. ¿Acudo a la mesa del Señor en mi miseria y necesidad de hoy? ¿Soy obstáculo para todos los que Jesús mira e invita a su mesa?

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San Marcos 2, 1-12

Este es el Señor en quien creemos, que mueve nuestra voluntad para buscarlo, para ayudar a otros a experimentar su Fuerza transformadora. Este es el Señor en quien esperamos, aunque muchas veces, como los fariseos de hoy, lo cuestionemos y no lo comprendamos. Este es el Señor que nos ama con locura y nos muestra siempre su rostro de Misericordia, cuando nos perdona, nos levanta, nos da una nueva oportunidad. ¿Me dejo sorprender por los milagros del Señor en mi vida cotidiana? ¿Soy canal de su Gracia con quienes lo necesitan?

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San Marcos 1, 40-45

En el Evangelio de hoy el leproso que se acerca a Jesús lo hace con confianza: “Si quieres, puedes purificarme”. Jesús, “conmovido”, hace lo que puede hacer: lo toca. Al que era impuro, lo cura ser tocado. Al que era excluido lo cura ser aceptado. Jesús trae la salud, porque toca, acepta, acoge y restaura. La invitación es que hoy pienses en todo lo que has recibido. Y que, desde allí, como el leproso curado, surja el agradecimiento. A él le llevó a proclamarlo a los demás. A vos, ¿a qué te puede llevar?

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San Marcos 1, 29-39

Jesús “se acerca”, en él existe la voluntad de sanar, toma la iniciativa, va al encuentro. Jesús “la toma de la mano”, gesto de cercanía y amistad, que se preocupa de la situación de cada persona. Jesús “la levanta”, la ayuda a ponerse en pie, a sentirse estable y segura, no la deja sola. En estas acciones concretas se nos muestra a un Jesús muy humano, obrando de tantas maneras, a la medida de la necesidad del otro. ¿Me dejo interpelar por el estilo del Señor? ¿Trato de imitarlo en mi vida cotidiana, allí donde me envía a ser portador de su Amor?

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San Marcos 1, 21-28

Por más espectacular que nos parezca, el corazón del Evangelio de hoy lo encontramos en que, a diferencia de los fariseos y escribas, Jesús enseña con autoridad. Y es ante esta Palabra poderosa que los demonios huyen y los corazones humildes se asombran y anonadan. El desafío nuestro es anunciar hoy esta Buena Noticia que libera, consuela y devuelve la dignidad a los hombres. ¿Es Jesús el Señor de mi vida o es uno de tantos? ¿Me dejo asombrar por sus enseñanzas y su manera de obrar?

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San Marcos 1, 14-20

La conversión y el seguimiento de Cristo al que se nos llama, implican una clave esencial: “dejarlo todo”. Tanto en la vida de los primeros discípulos como luego en la vida de los grandes Santos, el encuentro con Jesús es, esencialmente, transformador. Nadie queda igual, nadie sigue con su vida normal después de haberse encontrado con Cristo y haber comenzado, de su mano, un camino hacia la Vida Nueva. ¿Sucede esto en mi vida al experimentar la Presencia del Señor? ¿qué tengo que dejar hoy para seguir a Cristo?

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San Lucas 3, 15-16. 21-22

Nos dice San Juan Crisóstomo: Consideremos el gran milagro que se produjo después del bautismo del Salvador; signo de lo que iba a venir. No se abre el antiguo Paraíso, sino el mismo cielo y el Espíritu Santo que se derrama. ¿Y por qué razón sucede esto? Para que nos demos cuenta que también en nuestro bautismo el Padre obra lo mismo, nos hace herederos de este Cielo, hijos suyos por el Espíritu Santo que se derrama. Ya no necesitamos signos visibles, pues la Fe nos basta. ¿Me experimento hijo de Dios como regalo de mi bautismo?

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San Lucas 5, 12-16

La lepra era sinónimo de exclusión, rechazo, indignidad. Ante la profesión de fe de este leproso, Jesús no se deja ganar en generosidad y le devuelve la salud física y espiritual. Nos toca a nosotros hoy no ser indiferentes ante el dolor, sufrimiento y exclusión de nuestros hermanos, sembrando la vida nueva del Reino. Para ayudar al prójimo, Jesús transgredió la ley de la pureza. ¿Descubro en la vida de la comunidad y en mi vida, actitudes que impidan la práctica del amor hacia el prójimo?

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San Lucas 4, 14-22a

El mensaje de liberación, de salud y de esperanza que nos relata Jesús, sigue tan vigente en el mundo de hoy. Porque los tiempos cambian, pero las necesidades del hombre no tanto. El niño Jesús, a quien hace poco celebramos, es el ungido por el Espíritu Santo, que muestra a todo el mundo que Dios está con nosotros. ¿Descubro que yo tambien, desde el bautismo, comparto la misión de Cristo anunciar a todos su salvación? ¿Dejo al Señor obrar en mis necesidades?

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