San Mateo 2, 1-12
Epifanía, la fiesta de nuestro Dios que no se guarda para sí o para unos pocos, sino que es la Luz puesta bien en lo Alto, para que todos los hombres de buena voluntad puedan descubrirlo, buscarlo y seguirlo. Aquello que nos relata el Evangelio de hoy sigue siendo actual cada vez que anunciamos la salvación del Señor con alegría, cada vez que abrimos las puertas de la Iglesia a todos, sin excluir a nadie. ¿Descubro al Señor que en la oración me invita y atrae para adorarlo? ¿Colaboro con la Epifanía del Señor allí donde me toca?










