San Mateo 21, 33-46
En esta Cuaresma, Jesús, me quiero preparar para acompañarte en tu Pasión. Lo quiero hacer con un corazón abierto; líbrame de esa actitud farisaica, de no reconocer que Tú eres la piedra angular de mi vida, de mi comunidad, de la humanidad. Con mucho cariño has plantado en mi vida una viña y me la has encargado para que dé fruto. Vendrás y vienes cada día a pedirme de ese fruto. Por eso ayúdame a decirte como San Agustín: “Dame lo que pides, y pide lo que quieras”. ¿Descubro qué frutos estoy dando en mi camino? ¿Reconozco a Jesús como el centro de mi vida?









