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Palabra

San Juan 20, 1-9

¡Cristo, nuestra Pascua, ha Resucitado!
Pedro, Juan y las mujeres corrieron al sepulcro y lo encontraron abierto y vacío. Se acercaron y se tuvieron que inclinar para entrar a la tumba. Hermanos, para entrar al misterio hay que “inclinarse”, abajarse. No es sometimiento, sino necesidad de reconocer el Acontecimiento de la encarnación y resurrección. Pidamos a Dios poder comprender la glorificación de Jesús y poder seguirlo con nuestra vida.
¿Dónde reconozco al Resucitado? ¿Estoy dispuesto a inclinarme ante el misterio?

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San Juan 18, 1 — 19, 42

Jesús murió… Dios murió… y los hombres lo hemos matado.
El silencio en el corazón manifiesta la ausencia de una presencia que padeció por los injustos la iniquidad. Se hizo pecado por vos y por mi. Por amor. Sólo por amor.
En palabras del papa Francisco: Jesús no vino a retocar y perfeccionar la idea que los hombres tienen de Dios, sino a trastocarla y mostrarles su verdadero rostro con su muerte en la cruz. Un sacrificio que sólo puede ser contemplado en silencio.

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San Mateo 26, 14-25

Al acercarse su hora, Jesús nos muestra que su Amor supera nuestras infidelidades, traiciones, nuestro pecado. Para eso ha venido, para rescatarnos y darnos el Alimento de los peregrinos. Miremos ahora nuestra vida: cada vez que faltamos a la verdad, que actuamos en forma deshonesta, que no somos solidarios con el que sufre, cuando nos corroe la envidia, o nos creemos más que otros, justificando nuestro egoísmo y cobardía, ¿no me estoy acercando a la actitud de Judas? ¿Busco reparar mis infidelidades viviendo una profunda confesión de mis pecados?

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San Juan 13, 21-33. 33-38

El Evangelio de hoy no hace foco tanto en la traición de Judas, ni en la torpe temeridad de Pedro, sino que nos hace contemplar la libertad suprema de Jesús que, aunque sufre, abraza la voluntad del Padre y sigue adelante para salvarnos, asumiendo las consecuencias de nuestras traiciones y negaciones. Este día se nos regala como un tiempo para discernir nuestras decisiones, ante los pasos de Jesús, ¿qué camino estoy tomando para seguirlo? ¿reconozco ante Él mis fragilidades y pecados para recibir su Gracia?

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San Juan 12, 1-11

El gesto de María, lleno de simbolismo y amor para con Jesús, incomoda a algunos y deja al descubierto actitudes mezquinas, superficiales, que hablan de una incapacidad de ver más allá y de abrirse al amor. No nos sorprenderá constatar que hoy muchas veces vivimos movidos por el mismo espíritu. En este tiempo de reflexión y meditación, no podemos quedarnos sin hacer nada. ¿Con qué podré ungir los pies de Jesús? ¿Qué hay en nosotros que pueda entregarse a Jesús y que inunde de buen aroma toda la comunidad, la casa de Dios?

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San Juan 11, 45-57

Las autoridades religiosas ven como el pueblo sencillo sigue a Jesús por sus enseñanzas, por sus signos, por la coherencia de su vida, porque les ha quitado el miedo a Dios y a sus representantes; y esto los enfurece al punto que lo buscan, no para seguirlo sino para darle muerte.
Parte del pueblo acepta a Jesús, y parte no. Hoy sucede lo mismo, siendo más notorio el rechazo de Jesus y sus enseñanzas. ¿Y qué pasa conmigo? Prontos a recorrer el camino de la Semana Santa, me puedo preguntar: ¿Elijo a Jesus para seguirlo en su Pasión?

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San Juan 10, 31-42

El Señor sabe que se acerca “su hora”. Para eso ha venido, para cumplir los designios del Padre que quiere acercarse nuevamente al hombre para hacernos hijos suyos en su Hijo, aunque algunos no lo entiendan y quieran detenerlo. Hoy nos toca a nosotros continuar este camino, recordando que construir un mundo más humano, en sintonía con Dios, es nuestra vocación cristiana. ¿De qué manera comparto el mensaje de misericordia de Dios en mi entorno? ¿Sigo los pasos de Jesús, amando y sirviendo a los hermanos, testimoniando así mi fe y mi esperanza?

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San Juan 8, 51-59

El cristiano descubre que todo lo que hace, en su seguimiento del Señor, tiene una mirada de Cielo. Contemplar la Vida Eterna que Jesús nos promete es el motor de nuestra esperanza, es el alimento de nuestra fe, es el combustible que enciende nuestra caridad. Sin esta mirada, triste se vive nuestra peregrinación, es más, pierde el sentido que el Padre ha querido darle, en Jesús. ¿Comparto y anuncio la promesa de la Vida Eterna que nos hace Jesús? ¿Cuáles son las tibiezas que hoy me impiden abrazar plenamente el seguimiento de Cristo?

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San Juan 8, 31-42

Ser discípulos de Jesús es entender lo que significa seguirlo para descubrir y vivir la Verdad que nos hace libres; es crecer como hijos de Dios, viviendo con coherencia sus enseñanzas. En este tiempo de Cuaresma, qué bueno detenernos para descubrir cómo estoy viviendo como discípulo de Cristo, buscando siempre esa Verdad que nos libera de las ataduras del pecado y de las incoherencias de cada día. ¿Cuál es la experiencia en mí que me impulsa a reconocer a Jesús como Aquél que nos hace libres? ¿Intento vivir como discípulo suyo?

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