San Lucas 11, 37-47
Jesús nos recuerda que la verdadera pureza nace del corazón. No se trata solo de cumplir lo externo, sino de dejar que el amor transforme lo que somos por dentro. Cuando compartimos con sinceridad y generosidad, todo en nosotros se vuelve limpio ante los ojos de Dios.
¿Cuánto de lo que hago nace realmente de un corazón sencillo y abierto al amor?










