San Francisco Javier nació el 7 de abril de 1506 en el Castillo de Javier, Navarra, España, en el seno de una familia noble. Fue el menor de cinco hermanos y creció en un ambiente marcado por las luchas políticas de la época. Desde joven mostró una gran inteligencia y fue enviado a estudiar a la Universidad de París en 1525. Allí obtuvo el grado de maestro en artes y destacó por su ambición académica y social.
En París conoció a San Ignacio de Loyola, quien lo guió hacia una profunda conversión espiritual. Al principio, Francisco se resistió a abandonar sus sueños mundanos, pero finalmente aceptó el ideal de vida propuesto por Ignacio: dedicar todo a la gloria de Dios. En 1534, junto a otros compañeros, pronunciaron votos de pobreza, castidad y compromiso misionero en Montmartre, fundando el núcleo de la Compañía de Jesús. Francisco fue ordenado sacerdote en 1537 en Venecia.
Su vida dio un giro decisivo en 1540, cuando el rey Juan III de Portugal pidió a los jesuitas misioneros para las colonias portuguesas en Asia. Francisco fue enviado como representante, partiendo de Lisboa en 1541. Durante el largo viaje, se dedicó a predicar y cuidar de los marineros. Al llegar a Goa, en la India, en 1542, inició una intensa labor evangelizadora. Se dedicó especialmente a los paravas, una comunidad pesquera oprimida, aprendiendo su idioma, predicando el Evangelio y bautizando a miles de personas. Reformó la vida moral y espiritual de Goa, donde muchos colonos europeos llevaban una vida disoluta.
Su ardor misionero lo llevó a explorar territorios más allá de la India. En 1545 viajó a Malaca y las Islas Molucas, donde trabajó entre comunidades aisladas, enfrentando grandes dificultades. Su enfoque siempre fue directo y práctico: aprendía las lenguas locales, traducía textos cristianos y se adaptaba a las culturas, aunque a menudo lamentaba no dominar completamente los idiomas.
En 1549 llegó a Japón, convirtiéndose en el primer misionero cristiano en ese país. Allí enfrentó un contexto cultural y religioso completamente diferente. Francisco estudió japonés y logró acceso a algunos líderes locales, sentando las bases para la expansión del cristianismo en Japón, aunque enfrentó desafíos debido a la oposición de los budistas y la complejidad del sistema feudal japonés.
Con una visión aún más ambiciosa, soñaba con evangelizar China, entonces cerrada a extranjeros. En 1552 llegó a la isla de Shangchuan, cerca de la costa china, pero murió de fiebre el 3 de diciembre de ese año mientras esperaba autorización para entrar al país.
San Francisco Javier fue canonizado en 1622 junto a San Ignacio de Loyola. Su legado es inmenso: bautizó a decenas de miles de personas, fundó comunidades cristianas y mostró un celo apostólico y una capacidad de adaptación extraordinarios. Es considerado uno de los mayores misioneros de la Iglesia Católica, patrono de las misiones y de Navarra, y ejemplo de entrega total a la causa del Evangelio. Su vida es testimonio del espíritu ignaciano de “en todo amar y servir”.
