Comentario Introductorio
En el Evangelio de hoy se nos narra la decapitación de Juan el Bautista ordenada por Herodes. Juan es un proto-mártir; él anticipa el martirio de muchos cristianos. El martirio siempre ha sido un capítulo importante de la historia cristiana, desde aquellos creyentes de la Iglesia primitiva que se negaron a entregarse a los dioses paganos de Roma, hasta los grandes santos de la Edad Media como Tomás Becket y Tomás Moro, que se negaron a comprometer sus creencias para beneficiar al estado, y hasta los mártires modernos asesinados en lo que San Juan Pablo II llamó odium caritatis, “odio a la caridad”, como fue el arzobispo Oscar Romero de El Salvador. ¿Cómo vivo las situaciones de martirio cotidiano?

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 6, 14-29

El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había
extendido por todas partes. Algunos decían: «Juan el Bautista ha
resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos».
Otros afirmaban: «Es Elías». Y otros: «Es un profeta como los
antiguos». Pero Herodes, al oír todo esto, decía: «Este hombre
es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado».
Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan
a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se
había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te es lícito tener
a la mujer de tu hermano». Herodías odiaba a Juan e intentaba
matarlo, pero no podía, porque Herodes lo respetaba, sabiendo
que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía,
quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.
Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba
su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus
oficiales y a los notables de Galilea. Su hija, también llamada
Herodías, salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus
convidados, que el rey dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras
y te lo daré». Y le aseguró bajo juramento: «Te daré cualquier
cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino». Ella fue
a preguntar a su madre: «¿Qué debo pedirle?». «La cabeza de
Juan el Bautista», respondió ésta.
La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo
este pedido: «Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una
bandeja, la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento,
y por los convidados, no quiso contrariarla. En seguida mandó
a un guardia que trajera la cabeza de Juan. El guardia fue a la
cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja,
la entregó a la joven y ésta se la dio a su madre.
Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger
el cadáver y lo sepultaron.

Palabra del Señor.

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