San Mateo 25, 31-46
Es a Jesús mismo a quien servimos en los hermanos más desamparados. En ellos, Él está esperando el amor hecho obras. Entrenarnos para amar aquí y ahora es a lo que nos invita la Cuaresma de manera más intensa, porque su final, la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor, es la máxima lección de amor que Él nos ha dejado. ¿Qué estoy haciendo por los pequeños de hoy (pobres, marginados) que golpean la puerta de mi casa? ¿Me cuesta descubrir en ellos el rostro de Cristo sufriente?










