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Palabra

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 5, 1-3a. 5-18

Cuántas estructuras y condiciones innecesarias ponemos a la hora de ejercer la caridad y el servicio fraterno. Ante el prójimo que clama tirado al borde del camino, el ejemplo y la actitud de Jesús nos interpela y nos hace caer en la cuenta que el Mandamiento del Amor siempre debe guiar nuestros pasos y ordenar nuestras prioridades comunitarias y personales. ¿Tiendo siempre mi mano para ayudar a quien busca al Señor? ¿Qué lugar ocupan los excluidos y olvidados de hoy a la hora de vivir mi servicio fraterno?

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San Juan 4, 43-54

En el sufrimiento y en la prueba de la enfermedad de su hijo, este hombre se encontró con Jesús. Allí se animó a escuchar su Palabra poderosa, creyendo se puso en camino, y fue testigo del milagro que tanto anhelaba. ¡Cuánto nos dice esto hoy a nosotros! ¿qué hago en medio de mis luchas y dificultades? ¿en qué o en quién pongo mi confianza? ¿qué voces escucho y creo?
“La fe es dar espacio al amor de Dios, es hacer espacio al poder de Dios que me ama y quiere la alegría conmigo. Esto es creer al Señor para que venga y me cambie” (Papa Francisco)

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San Lucas 15, 1-3. 11-32

Dios sabe muy bien de nuestras fragilidades y pecados, conoce las tibiezas de nuestro corazón y eso no lo espanta, todo lo contrario. Con Amor prepara la mesa para cada uno de sus hijos, y nos espera con el banquete de su Misericordia para hacer Fiesta … nos espera con la ilusión de ese Padre que sabe que su hijo buscará volver a Casa cuando descubra que sin su Dios, la vida no tiene sentido. ¿Qué me impide volver a Dios cuando descubro mi pecado? ¿Es más fuerte el orgullo de sentirme frágil o me dejo humillar por mi necesidad de su perdón?

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San Lucas 18, 9-14

Señor, hoy como el publicano y el fariseo, me acerco a Ti a orar. Me acerco, porque sé que sin Ti nada puedo, como Tú mismo nos lo dijiste. Señor, yo llevo en mi interior un fariseo y un publicano. Tú conoces mi debilidad y cómo a veces, sin yo quererlo, caigo y te ofendo; otras, me esfuerzo por hacer tu Voluntad, pero cuántas veces en este interés por agradarte me busco a mí mismo. ¿Descubro que la incapacidad de reconocerme pecador me aleja de la confesión de Jesucristo? ¿Dejo que el Señor me ponga de pie nuevamente en este tiempo de Cuaresma?

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San Marcos 12, 28b-34

Escuchar, amar, estar cerca del Reino. Estos verbos enmarcan el mensaje que Jesús nos deja hoy. Escuchar en primer lugar lo que Dios tiene para decirme; responderle con nuestro amor hacia Él y nuestro prójimo; descubrir que estoy llamado a ser ciudadano del Cielo, parte de este Reino de Dios que ya está en medio nuestro. Cada vez que elijo vivir de esta manera, su Gracia vendrá siempre en auxilio de mi fragilidad. ¿Descubro este programa de vida que me propone Jesús? ¿Qué lugar ocupa Dios en mi vida y en mi forma de vivir?

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San Lucas 11, 14-23

Hoy somos testigos del espectáculo del mal que enceguece, ensordece, paraliza las conciencias de tantos y tantos que viven como si Dios no existiera. A ellos viene Jesús, a hacer presente el Reino de Dios que libera, que sana, que devuelve la dignidad, triunfando sobre todo mal y sus demonios. Como discípulos suyos estamos llamados a imitarlo, a sembrar y recoger con Él por el bien de las almas. ¿Puedo descubrir “el dedo de Dios” obrando en mi vida y en la vida de los demás? ¿Pienso en el mal y sus consecuencias cuando me alejo de Dios?

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San Mateo 5, 17-19

Jesús conoce la Ley y los Profetas. Su intención no es transgredir lo escrito, sino revelar su sentido más pleno y profundo, pues muchos la habían ahogado a la frialdad del legalismo. Jesús nos enseña a observar la ley de Dios de manera que su práctica muestre en qué consiste su Reino, orientación y respuesta para el mundo y los desafíos de hoy. ¿Cómo veo y vivo la ley de Dios: cómo horizonte de libertad creciente o cómo imposición que limita mi libertad? ¿He aprendido a interpretar la Palabra de Dios con los ojos de Jesús?

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San Lucas 1, 26-38

El Hijo de Dios se encarna como hijo de hombre para acompañarnos en este ínfimo lugar del universo, se hace hombre por amor a los hombres. La celebración de este Misterio, y la meditación de este Evangelio, nos ayuda a ir afrontando también el difícil momento de la historia que hoy nos toca vivir. Porque en escenarios de tristeza y desesperanza, Dios nos dice, al igual que el ángel a María, “No temas, porque Dios te ha favorecido”. ¿Descubro en mis pruebas y luchas que Dios está conmigo? ¿Lo dejo habitar en mi corazón para que lo transforme?

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Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     4, 24-30

Cuánto nos cuesta aceptar que Dios también ama a “los de afuera”, a los que no son “de los nuestros”. Dios no se deja encerrar por nuestros criterios estrechos, no pone fronteras, al contrario, quiere atravesarlas. Este ejemplo de Jesús nos interpela y nos invita a romper con nuestras barreras. En este tiempo de Cuaresma qué bueno hacernos estas preguntas: ¿Estamos dispuestos a participar de este amor universal y sin distinciones? ¿Quiénes son los excluidos que deberíamos acoger mejor en nuestra comunidad?

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San Lucas 15, 1-3. 11b-32

“Publicanos y pecadores se acercaban”, “fariseos y escribas murmuraban”. Dos realidades que muchas veces conviven en nuestro corazón. Esa lucha entre acercarme con plena confianza al Señor cuando he pecado, y la tentación de no hacerlo por orgullo, vergüenza o tibieza. Muchas veces esto también se ve reflejado en el trato con los demás, cuando nos escandalizamos ante aquellos que, movidos por el Espíritu, buscan a Dios. ¿Descubro en la parábola del hijo pródigo la invitación a buscar siempre al Señor? ¿Tiendo puentes entre Dios y aquellos que lo buscan?

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