Samaritanear
Comentario Introductorio
En esta Cuaresma, Jesús, me quiero preparar para acompañarte en tu Pasión. Lo quiero hacer con un corazón abierto; líbrame de esa actitud farisaica, de no reconocer que Tú eres la piedra angular de mi vida, de mi comunidad, de la humanidad. Con mucho cariño has plantado en mi vida una viña y me la has encargado para que dé fruto. Vendrás y vienes cada día a pedirme de ese fruto. Por eso ayúdame a decirte como San Agustín: “Dame lo que pides, y pide lo que quieras”. ¿Descubro qué frutos estoy dando en mi camino? ¿Reconozco a Jesús como el centro de mi vida?
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San Mateo 21, 33-46

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo  

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

    «Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.

    Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.

Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: “Respetarán a mi hijo.” Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: “Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia.” Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.

    Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?»

    Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo.»

    Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos? El que caiga sobre esta piedra quedará destrozado, y aquel sobre quien caiga será aplastado.

    Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.»

    Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.

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