Samaritanear
Comentario Introductorio
Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre ... Todos tenemos necesidad de encontrarnos con Él. En torno a su cuna se dan cita las virtudes de la humildad, de la sencillez y de la pureza. Por eso la riqueza y la pompa del mundo no lo pueden descubrir. Su nacimiento es signo de contradicción, vino a los suyos y los suyos no lo recibieron … solo el corazón capaz de descalzarse de sus criterios y humanidades puede dejarse encontrar por el Dios escondido … Palabra, Luz y Presencia en medio de los hombres. ¿Me dejo encontrar por su Amor? ¿Cómo lo busco?
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San Juan 1, 1-18

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan    

Al principio existía la Palabra,

y la Palabra estaba junto a Dios,

y la Palabra era Dios.

Al principio estaba junto a Dios.

Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra

y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.

En ella estaba la vida,

y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en las tinieblas,

y las tinieblas no la percibieron.

Apareció un hombre enviado por Dios,

que se llamaba Juan.

Vino como testigo,

para dar testimonio de la luz,

para que todos creyeran por medio de él.

Él no era la luz,

sino el testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera

que, al venir a este mundo,

ilumina a todo hombre.

Ella estaba en el mundo,

y el mundo fue hecho por medio de ella,

y el mundo no la conoció.

Vino a los suyos,

y los suyos no la recibieron.

Pero a todos los que la recibieron,

a los que creen en su Nombre,

les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.

Ellos no nacieron de la sangre,

ni por obra de la carne,

ni de la voluntad del hombre,

sino que fueron engendrados por Dios.

Y la Palabra se hizo carne

y habitó entre nosotros.

Y nosotros hemos visto su gloria,

la gloria que recibe del Padre como Hijo único,

lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de Él, al declarar:

«Este es aquel del que yo dije:

El que viene después de mí

me ha precedido,

porque existía antes que yo.»

De su plenitud, todos nosotros hemos participado

y hemos recibido gracia sobre gracia:

porque la Ley fue dada por medio de Moisés,

pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.

Nadie ha visto jamás a Dios;

el que lo ha revelado es el Dios Hijo único,

que está en el seno del Padre.

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