Samaritanear
Comentario Introductorio
En el Evangelio de hoy Jesús le dice con total naturalidad antes de sanar al paralítico: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Conmocionados, los fariseos responden: “¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?” Sobre esto, Chesterton dijo que incluso los que rechazan la doctrina de la encarnación (como los fariseos) son diferentes por haberla escuchado. La afirmación de que Dios se convirtió en uno de nosotros cambia la imaginación, obligando a reevaluar tanto a Dios como al mundo. Esta extraña afirmación está, implícita o explícitamente, en prácticamente todas las páginas del Nuevo Testamento. Si crees en la encarnación, crees que Jesús puede perdonar tus pecados porque también crees que es Dios. ¿Lo creés?
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Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 2, 1-12

Jesús volvió a Cafarnaúm y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y Él les anunciaba la Palabra.
Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a Él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».
Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: «¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando!
¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?»
Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo:
«¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico:
“Tus pecados te son perdonados”, o “Levántate, toma tu camilla y camina”? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados, dijo al paralítico:
Yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
Él se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo:
«Nunca hemos visto nada igual».

Palabra del Señor.

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